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Nombrado por el Papa Pablo VI como Primer Obispo luego de la creación de la Diócesis de Azogues en 1968.

Nació en Cuenca el 13 de Junio ​​del año 1925, hijo del Doctor Miguel Díaz y de la Señora Domitila Cueva Tamariz.

El mismo día de la renuncia de Monseñor Gabriel Díaz, se dio a conocer el nombramiento de Mons. Raúl Vela Chiriboga como Segundo Obispo de la Diócesis, quién tomó posesión el 13 de Julio de 1975.

Nació el 24 de Febrero de 1926, en San Antonio de Ibarra, Provincia de Imbabura. Sus estudios primarios se realizaron en la escuela Juan Montalvo de su tierra natal.

Monseñor Carlos Altamirano nació el 3 de marzo de 1942, en la parroquia Aloasi, del cantón Mejía, en la provincia de Pichincha. El 29 de junio de 1966, a los 24 años de edad, fue ordenado sacerdote.

Monseñor Oswaldo Patricio Vintimilla Cabera, nació en Cuenca (barrio el Vado) el 2 de agosto de 1966, hijo de Manuel Vintimilla Ruiz y Cruz Carmelina Cabrera Reinoso es el quinto de seis hermanos.

Próximos Eventos

Capilla Episcopal

  • Misa por los migrantes, todos los miércoles a las 16h30 (4:30 p.m.).

 

Parroquia La Catedral de Azogues

  • Todos los días desde las 7h00 a 19h00 Exposiciíon y Adoración al Santísimo Sacramento en su capilla.
  • Rosario de la Aurora el primer sábado de cada mes, por las calles de la ciudad: 5h00 (5:00 a.m.) y a continuación la Santa Misa. 
  • Misa por el Rvdo. Padre Armando Fajardo, el primer martes de cada mes a las 15h00 (3:00 p.m.).
  • Misa del jueves Eucarístico y Sacerdotal a partir de las 11h00 (11:00 a.m.).
  • Misas del Niño Manuelito: el segundo domingo de cada mes a las 11h00 (11:00 a.m.); y todos los lunes a las 19h00 (7:00 p.m.).
  • Misa del Movimiento Juan XXIII, los miercoles a las 19h00 (7:00 p.m.).
  • Misa del Movimiento Carismático Católico, los jueves a las 19h00 (7:00 pm).
  • De martes a sábado los sacerdotes de la parroquia atienden a los fieles en el sacramento de la confesión en la mañana y en la tarde. 

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  Mons. Oswaldo Vintimilla 

V Obispo de la Diócesis de Azogues

 

 

 

 

SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

 

En una sociedad utilitarista y de comercio, como es la nuestra, las cosas sólo parecen tener sentido si responden satisfactoriamente a preguntas como "¿qué saco yo con esto?" o "¿para qué sirve esto?" Lo gratuito es difícilmente comprendido.
La amistad, el juego, la fiesta, Dios, e incluso el amor, se pretende que respondan a esta especie de cuestionario obligatorio. Si no tuviesen respuesta, habría que modificar esa vivencia hasta lograrla. Sólo se legitima la existencia de lo útil o lo provechoso. Las cosas gratuitas se identifican a las que no tienen sentido, a lo absurdo. Y sentido tiene hoy lo que sirve para mi mejora material. El calificativo "amigo", por ejemplo, ha venido a significar cualquier relación, por superficial que sea, con tal que exista la posibilidad de necesitar la ayuda de esa persona. Ya no tiene lugar aquello de "compañero y, sin embargo, amigo". La amistad se convierte en agarradero para subir en la vida. El supuesto amigo debe tener amigos que, con sus recomendaciones y enchufes, faciliten su labor escaladora. Asimismo, la fiesta se convierte en mera vacación o en motivo de atracción turística. El amor sirve para tener hijos o satisfacciones de diverso tipo. El deporte se convierte en trabajo (¿Hay algo más contradictorio que hablar de un "deportista profesional"?). Todo debe servir para algo. Y no es que a las realidades antes citadas no se les pueda encontrar una finalidad, pero lo cierto es que no se definen por ello, no son instrumentales.
Sin embargo, sin comprender lo gratuito, lo que no lleva consigo una contraprestación, es imposible entender mínimamente lo que puede significar el amor que Dios nos tiene o el que se nos pide que tengamos a los demás, incluso a los enemigos. Con el amor o con Dios no se comercia, ni siquiera honradamente, como hacían los fariseos. Dios y su actuar son gracia. Múltiples los pasajes del A.T. en los que se expresa la idea de que el amor que Dios tiene a su pueblo es absolutamente inmerecido.